Después del período antiguo de prostitución sagrada, se instaló laprostitución pagana. Lentamente se borraron los límites entre la mujer
honesta y la mujer galante. Por comodidad de lenguaje se clasificaba a
las cortesanas (meretrices, mantenidas) y a las prostitutas (lupae, fornicadoras
o bustuariae). En realidad Roma se transformó en un inmenso
escenario donde el gozo físico era el fin supremo. Aun antes de lo que
se llamó la “decadencia imperial”, Roma se complacía en toda la gama
del erotismo y su contribución a los clásicos del amor es enorme, aunque
se quiera silenciar a Ovidio.
Mesalina no es sino un caso anecdótico de neurosis sexual delirante.
En un grabado en cornalina, perteneciente al rey de Prusia, su
extrema lubricidad es figurada por un caracol, animal bisexual, rodeado
de siete príapos; en realidad la emperatriz ostentaba un collar con
veintiún falos, número ideal de caricias recibidas por ella en una noche.
La novela de Apuleyo, El asno de oro, que describe minuciosamente el
acoplamiento de una gran dama y un asno asombrado de la insaciabilidad
de su pareja, no es sino la variante bestial de la locura de Mesalina.
Pero al lado de ese monstruo sexual, que debería haber muerto a cornadas
como Dirce por su toro y no a manos de Claudio, el extremo
menoscabo del erotismo latino se explica por la necesidad colectiva de
sensaciones violentas. El sadismo desencadenado del circo romano no
recuerda sino muy de lejos a las fiestas dionisíacas combinadas con las
fiestas de Cibeles, por las cuales se alcanzaba el éxtasis orgiástico con
casos de castración purificadora: se trataba más bien de un sadismo
exterior, de espectador, de onanista en potencia.
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Autor: Calidasirena
Me ha gustado leer la historia que nos has dejado..interesante..
Un beso muy cálido
Un beso muy cálido
Fecha: 11/06/2009 09:52.



